Navega sin mapas y haz que suceda

Todas las revoluciones empiezan por el amor, eso es algo que tengo claro., ya sea a una tierra, a una persona, a unos ideales ,etc.
La mía empezó porque descubrí un nuevo amor, el amor por mi mismo.
Si he de describirme creo que siempre me dedique mas a otras personas que a mi mismo, era algo que me hacia feliz. Me gustaba la sensación de dar cariño, amor, consejos y no me preocupaba no recibir lo mismo. Me gustaba la idea de ayudar me sentía genial involucrándome en los proyectos de la gente, ayudando, no pidiendo nada y siempre estando ahí para todo. Hasta que un día mi proyecto de vida quebró.

No quebró en un aspecto, en poco tiempo quebró en todos, empresa, pareja, amigos que te fallan. De pronto todo por lo que habías luchado años se va, no esta y nadie te dijo nada, te enteraste el ultimo.

Admitamoslo, joder duele, duele un montón ser el ultimo que te enteras. La empresa esta en la quiebra, no salen estos dos proyectos , hay que concursar. Me voy de casa, ya tengo mirado un apartamento. Eh? perdón? cuando ha pasado todo esto? Si yo he estado aquí para todos, porque nadie se molesto en decirme que mi vida se iba a la mierda.

Menuda situación, no puede ir nada mas a peor, eso pensaba yo, pues si todo puede empeorar en esta vida y en una operación fácil en teoría, sin complicaciones casi me muero. Es aquí, en este momento, cuando mas jodido estas, cuando te das cuenta que para los que has ayudado, con los que has estado  incondicionalmente y por los que has perdido tiempo tampoco eres tan importante. Te lo solucionan con un par de llamadas y con un “a ver si nos vemos” y tu pensando “a mi es fácil verme, estoy en la misma habitación de hospital todo el día”.

Es aquí cuando me dio por pensar, buscar soluciones para las complicaciones que me habían surgido que eran muchas, dentro de toda esta maraña de pensamientos surgió una pregunta: ¿Cuanto te quieres?

Me di cuenta que me quería muy poco, prácticamente nada.

Empece a valorarme un más, poco a poco ya que estaba apagando fuegos todo el día.

Me di cuenta que estaba centrado en los sueños de los demás y no en el mío.

El mío había quebrado por una gestión nefasta de mis socios a lo que contribuyó una total falta de perspectiva por mi parte.

¿Solo tenía un sueño?

No tenía muchos más así que era hora de empezar a luchar por ellos, salir ahí, pelear. No iba a permitir que un “no puedes” saboteador de la gente que no te quiere de verdad me arruinase mi proyecto de vida.

A día de hoy peso 30 kilos menos, trabajo por ser más disciplinado y perder los que me faltan. Me quiero un poco más la verdad, hay que seguir trabajando en esto.

He conseguido rodearme de gente que me quiere y aprender a decir no aunque a veces me cueste.

Estoy cerrando un nuevo proyecto con más ilusión que el anterior.

Y si esto es la vida, caer, levantarse, aprender, amar, confiar ………..